
martes, 21 de diciembre de 2010
lunes, 6 de diciembre de 2010
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
Una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
“Mentira”, dijo en voz alta, golpeando la mesa del escritorio. La vida no era un sueño, los sueños eran una endeble mentira, un embeleco fugaz que sólo servía para escapar transitoriamente de las frustraciones y la soledad, y para apreciar mejor, con más dolorosa amargura, la hermosa y sustancial que era la vida verdadera, la que se comía, tocaba y bebía, tan superior y plena comparada al simulacro que mimaban, conjurados, los deseos y la fantasía. Abrumado por la angustia –era ya de día, la luz del amanecer revelaba los grises acantilados, el mar plomizo, las nubes panzudas, el sardinel desbaratado y la calzada leprosa- se aferró al cuerpo desnudo de Lucrecia, con desesperación, para aprovechar esos últimos segundos, en procura de un imposible placer, con el presentimiento grotesco de que en cualquier momento, acaso en el del éxtasis, sentiría aterrizar sobre sus orejas las súbitas manos de la mulata.
de Los cuadernos de don Rigoberto, Mario Vargas Llosa (1996).
¿Qué es la vida? Una ilusión,
Una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
“Mentira”, dijo en voz alta, golpeando la mesa del escritorio. La vida no era un sueño, los sueños eran una endeble mentira, un embeleco fugaz que sólo servía para escapar transitoriamente de las frustraciones y la soledad, y para apreciar mejor, con más dolorosa amargura, la hermosa y sustancial que era la vida verdadera, la que se comía, tocaba y bebía, tan superior y plena comparada al simulacro que mimaban, conjurados, los deseos y la fantasía. Abrumado por la angustia –era ya de día, la luz del amanecer revelaba los grises acantilados, el mar plomizo, las nubes panzudas, el sardinel desbaratado y la calzada leprosa- se aferró al cuerpo desnudo de Lucrecia, con desesperación, para aprovechar esos últimos segundos, en procura de un imposible placer, con el presentimiento grotesco de que en cualquier momento, acaso en el del éxtasis, sentiría aterrizar sobre sus orejas las súbitas manos de la mulata.
de Los cuadernos de don Rigoberto, Mario Vargas Llosa (1996).
jueves, 18 de noviembre de 2010
La cultura me parecía una compensación necesaria ligada a la infelicidad de nuestras vidas. Tal vez se podría imaginar una cultura de otro tipo, vinculada a la celebración y al lirismo, que se desarrollaría en un estado de felicidad; pero no estaba seguro, y me parecía una consideración teórica que ya no tenía mucha importancia para mi.
En general, ya no me quedaba mucho que hacer en la vida. Compré varias resmas de papel de 21 x 29,7, para intentar poner en orden los elementos que la constituían. Eso es algo que la gente debería hace más a menudo antes de morir. Es curioso pensar en todos esos seres humanos que viven una vida entera sin hacer el menor comentario, la menor objeción, la menor observación. No porque esos comentarios, objeciones u observaciones vayan a tener un destinatario o un sentido cualquiera; pero a fin de cuentas me parece preferible hacerlos.
Cuando la vida amorosa se acaba, toda la vida se vuelve un poco convencional y forzada. Se mantiene la forma humana, el comportamiento habitual, una especie de estructura; pero, como suele decirse, uno ya no hace nada de corazón.
de Plataforma, Michael Houellebecq (2001).
En general, ya no me quedaba mucho que hacer en la vida. Compré varias resmas de papel de 21 x 29,7, para intentar poner en orden los elementos que la constituían. Eso es algo que la gente debería hace más a menudo antes de morir. Es curioso pensar en todos esos seres humanos que viven una vida entera sin hacer el menor comentario, la menor objeción, la menor observación. No porque esos comentarios, objeciones u observaciones vayan a tener un destinatario o un sentido cualquiera; pero a fin de cuentas me parece preferible hacerlos.
Cuando la vida amorosa se acaba, toda la vida se vuelve un poco convencional y forzada. Se mantiene la forma humana, el comportamiento habitual, una especie de estructura; pero, como suele decirse, uno ya no hace nada de corazón.
de Plataforma, Michael Houellebecq (2001).
martes, 2 de noviembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
T D T
El Tío Jess, Bava, Argento, spaghetti-westerns italo-hispanos, peplums, piratas, hombres-lobo, Chabrol, comedia ibérica, Berlanga, Saura, fantaterror español e italiano, Charlot, comedia muda americana, Tarzán, …Mucha aventura diaria en este reducto indispensable: http://www.8madrid.tv/?page_id=3&date=2010-09-17
Fuera, un verano caduco que se afana en subsistir, que a esta hora es oscuro cuando hace solo unas semanas era aun luminoso, aunque huele casi igual en tan calurosa como transitable noche, y me recuerda, me objeta su pérdida. Sucedáneo, solitario.Y quizás pueda, pienso, vivir con lo vivido, estimar lo rememorable y no querer, no dolerme del ahora, del futuro vacío sino llenarlo.
lunes, 13 de septiembre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
“Por un momento se atreve a reflexionar sobre lo que se ha perdido. Otras veintiocho veces de sentarse desnuda frente a él y observar en su mirada como él la ve. De darse cuenta como año tras año van cambiando poco a poco las palabras con las que la describe, de ver las sombras proyectarse en un paisaje conocido. ¿Hubiera sido menos doloroso, quizá, envejecer con sus palabras? Pero no, no le cabe la menor duda de que le habría resultado mucho más doloroso con sus palabras.”
De La vida entera, David Grossman, 2008.
Dos que al fin se encuentran, caminan huyendo de ellos mismos, y, sobre todo, se hablan, duermen, cuentan, intentando explicarse lo que sienten, lo que es importante, lo que fueron, lo que desean que el otro conozca, tan complicado, tan fácil, la vida entera, su vida, sólo ellos.
De La vida entera, David Grossman, 2008.
Dos que al fin se encuentran, caminan huyendo de ellos mismos, y, sobre todo, se hablan, duermen, cuentan, intentando explicarse lo que sienten, lo que es importante, lo que fueron, lo que desean que el otro conozca, tan complicado, tan fácil, la vida entera, su vida, sólo ellos.
martes, 7 de septiembre de 2010
He despertado. Primero pienso que es el sordo aviso de la periodicidad que rige mis días. Pero esta vez oigo un ruido, como un roce continuo. ¿El viento? Parecen gemidos. Es como un lenguaje primordial, como unos dedos que se mueven insistentemente por el cristal mojado. Pero el lugar que ahora habito no está gobernado por pasos arriba y abajo o a un lado. Estoy solo y no hay fiestas que yo sepa. Es una invernal noche de Reyes. Así que sigo preguntándome durante un rato por lo que oigo, arrobado en el calor de las sábanas. Persiste. Parece ese lenguaje extraño que tienen las voces de las cintas al rebobinarse. Abro lo ojos; percibo la tímida semiclaridad que se vislumbra por un rincón del tragaluz arriba, desde mi cama. Preveo que es madrugada aún y ahí fuera, a ras del suelo de un recodo del jardín junto a la salida a la calle, no puede haber nadie. ¿Serán enanos llamando a mi ventana? Finalmente me levanto y me acerco al ventanal mientras los sonidos van amplificándose en mi realidad a oscuras. Abro la ventana y mientras el frío golpea la tibieza de mi cara, recién abandonada la calidez del lecho, los sonidos misteriosos se convierten en llanto como por arte de magia. Oigo continuos sollozos y una voz entrecortada. Alguien que llora y habla: Sí, sí, te lo prometo. Llanto. No, no, por favor. Grita. Yo todavía quiero a Igi. Se lamenta. Él me dio sólo un muerde. Gime. Se lo expliqué y lo entendió. Otra vez el llanto y su voz apenas inteligible, dirigida a alguien que no soy yo. Sin respuesta. Y llora nuevamente. Mi nariz húmeda acusa el choque del frío mientras oigo ese monólogo lloroso que proviene de una chica de dieciocho años, veinte quizás. Soy muy malo para la previsión de edades. Tengo que satisfacer mis necesidades más perentorias pienso, esa urgente necesidad cada vez más lacerante que me atosiga últimamente, insistentemente. Acudo pues al baño cercano; apuro mi necesidad. Vuelvo a mi cuarto; miro el reloj. Son ya las siete de la mañana, aún no ha amanecido y sigo escuchando aquella lejana voz y el llanto que invade la habitación a través de la ventana abierta y el frío. Ya no es la noche de Reyes, es el día siguiente. Demasiado tarde o demasiado pronto. Decido cerrar la ventana, volver a la cama, mientras el sonido persiste, identificado el murmullo. Intento volver a dormir y a ratos creo distinguir en mi somnolencia que el diálogo ha terminado. Al fin me duermo y me levanto pronto. Salgo de casa, cierro la puerta, doblo la esquina escaleras abajo y en el suelo helado junto al muro de mi cuarto veo una prenda tirada. Parece una bufanda de lana; no, es una pequeña rebeca gris oscura. La recojo, húmeda, y la deposito en un poyete del muro para que su dueña pueda encontrarla más tarde. Salgo a la calle. Es el día de Reyes.
"Lo que uno altera mediante el recuerdo tiene sin embargo una realidad, sea o no conocida"
"Ten presente que las cosas que te metes an la cabeza están ahí para siempre, dijo. Quizás deberías pensar en eso.
Algunas cosas las olvidas, ¿no?
Sí. Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar."
"Cada día es una mentira, dijo. Pero tu te estás muriendo. Eso no es una mentira".
de La Carretera (2006) de Cormac McCarthy.
"Ten presente que las cosas que te metes an la cabeza están ahí para siempre, dijo. Quizás deberías pensar en eso.
Algunas cosas las olvidas, ¿no?
Sí. Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar."
"Cada día es una mentira, dijo. Pero tu te estás muriendo. Eso no es una mentira".
de La Carretera (2006) de Cormac McCarthy.
martes, 6 de julio de 2010
“No hay regla moral más simple que la de hacer que los otros nos sirvan lo menos posible y que uno sirva a los demás cuanto más mejor”. (León Tolstoi)
“Quiero ser la Providencia, porque lo más bello y grande que puede hacer un hombre es recompensar y castigar”. (Alexandre Dumas: El Conde de Montecristo, 1844)
“Quiero ser la Providencia, porque lo más bello y grande que puede hacer un hombre es recompensar y castigar”. (Alexandre Dumas: El Conde de Montecristo, 1844)
lunes, 5 de julio de 2010
Los muertos viven con los vivos cuando los vivos no se resignan a que se vayan, y ésa es la mejor manera de que los vivos cedan parte de su existencia en aras de esa compañía que reconforta tanto como daña, pensó Mol, mientras la figura de Nora se desleía por el pasillo como una sombra macilenta y adquiría la inclinación con que el muerto verdadero acaba reposando en el lecho donde murió de verdad.
(...)
Nora Ferad había entrado en su alcoba, donde la luz de la ventana tenía un efecto calcáreo, y se había acostado sobre la colcha blanquecina de la cama, reposando con las manos abiertas y el rostro tendido hacia un lado, lo que a Mol no le permitió comprobar si mantenía los ojos abiertos.
La contempló un momento, lo suficiente para corroborar que la soledad de la enferma, en los años que discurrían tras la muerte repentina de Tarso Cedal a su lado, no tenía otra alternativa que aquella falta de resignación a que el muerto se fuese, lo que no era un conducto consolador pero sí piadoso al que se había encaminado sin otra expectativa que la que orientaba su propia enfermedad, esa muerte de cada día y cada instante que detenía el tiempo.
Tarso no estaba tendido a su lado. Las manos abiertas de Nora Ferad no retenían su caricia. El lecho de su muerte no conservaba el calor de la vigilia sino el frío del sueño que lo había ahogado.
de Luis Mateo Díaz, "El animal piadoso", 2009.
(...)
Nora Ferad había entrado en su alcoba, donde la luz de la ventana tenía un efecto calcáreo, y se había acostado sobre la colcha blanquecina de la cama, reposando con las manos abiertas y el rostro tendido hacia un lado, lo que a Mol no le permitió comprobar si mantenía los ojos abiertos.
La contempló un momento, lo suficiente para corroborar que la soledad de la enferma, en los años que discurrían tras la muerte repentina de Tarso Cedal a su lado, no tenía otra alternativa que aquella falta de resignación a que el muerto se fuese, lo que no era un conducto consolador pero sí piadoso al que se había encaminado sin otra expectativa que la que orientaba su propia enfermedad, esa muerte de cada día y cada instante que detenía el tiempo.
Tarso no estaba tendido a su lado. Las manos abiertas de Nora Ferad no retenían su caricia. El lecho de su muerte no conservaba el calor de la vigilia sino el frío del sueño que lo había ahogado.
de Luis Mateo Díaz, "El animal piadoso", 2009.
viernes, 21 de mayo de 2010
viernes, 8 de enero de 2010
Se vuelve hacia ti ahora, y con una expresión de absoluta seriedad y convicción en la mirada, expone su definición del amor, queriendo saber si compartes su opinión o no. El verdadero amor, afirma, es cuando sientes tanto placer al darlo como al recibirlo. ¿Qué te parece, Adam? ¿Tengo razón o estoy equivocada? Le contestas que está en lo cierto. Le aseguras que es una de las cosas más perspicaces que ha dicho nunca.
Paul Auster: Invisible (2009).
Paul Auster: Invisible (2009).
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