“Por un momento se atreve a reflexionar sobre lo que se ha perdido. Otras veintiocho veces de sentarse desnuda frente a él y observar en su mirada como él la ve. De darse cuenta como año tras año van cambiando poco a poco las palabras con las que la describe, de ver las sombras proyectarse en un paisaje conocido. ¿Hubiera sido menos doloroso, quizá, envejecer con sus palabras? Pero no, no le cabe la menor duda de que le habría resultado mucho más doloroso con sus palabras.”
De La vida entera, David Grossman, 2008.
Dos que al fin se encuentran, caminan huyendo de ellos mismos, y, sobre todo, se hablan, duermen, cuentan, intentando explicarse lo que sienten, lo que es importante, lo que fueron, lo que desean que el otro conozca, tan complicado, tan fácil, la vida entera, su vida, sólo ellos.
domingo, 12 de septiembre de 2010
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