jueves, 18 de noviembre de 2010

La cultura me parecía una compensación necesaria ligada a la infelicidad de nuestras vidas. Tal vez se podría imaginar una cultura de otro tipo, vinculada a la celebración y al lirismo, que se desarrollaría en un estado de felicidad; pero no estaba seguro, y me parecía una consideración teórica que ya no tenía mucha importancia para mi.

En general, ya no me quedaba mucho que hacer en la vida. Compré varias resmas de papel de 21 x 29,7, para intentar poner en orden los elementos que la constituían. Eso es algo que la gente debería hace más a menudo antes de morir. Es curioso pensar en todos esos seres humanos que viven una vida entera sin hacer el menor comentario, la menor objeción, la menor observación. No porque esos comentarios, objeciones u observaciones vayan a tener un destinatario o un sentido cualquiera; pero a fin de cuentas me parece preferible hacerlos.

Cuando la vida amorosa se acaba, toda la vida se vuelve un poco convencional y forzada. Se mantiene la forma humana, el comportamiento habitual, una especie de estructura; pero, como suele decirse, uno ya no hace nada de corazón.


de Plataforma, Michael Houellebecq (2001).

No hay comentarios: