jueves, 2 de noviembre de 2006

Comienza el día, otra semana. Tardo media hora de coche en darme cuenta de que hay algo diferente. ¡Coño es de día! Hipocresía planetaria. Casi prefiero la tristeza nocturna de los amaneceres de días atrás, bajo la copiosa lluvia. En esa recién estrenada tristeza otoñal yo soy el rey, ahora no sé bien lo que soy. Este falso verano no me pone. ¿Donde he visto yo unas grandes estrellas, por fortuna apagadas que, en unos días, no muchos, presidirán, jubilosas, nuestras tardes, noches, idas y venidas, semanas, alegría, fraternidad?
“El cantante Bono de U2 ha sacado un nuevo móvil que dona -nosecuantos céntimos de €- para los países del tercer mundo por cada llamada que haces”.
Y me autoimpongo no pisar uno de esos circos luminosos en los próximos tres meses. Digno Guiness anónimo. Y llego a la oficina. Mi compañera ha llegado antes. ¿Y esto supone que ya ha calentado el hogar por las próximas horas? No. Supone que presurosa ha encendido mi pc que es el único que tiene altavoces que para eso soy el jefe y ha puesto una de esas radiofórmulas donde la chica que actualiza el estado del tráfico parece que se lo hace con un consolador en el culo. Mis dos míseros altavoces de seis euros parecen un envolvente 5.1 pues tengo que soportar unos siseos emocionados, eco de las majaderas tonadas que he de oír. Cortar o no desconectar, he ahí el dilema. Me hace una pregunta, afónica, que apenas oigo, que contesto sin pensar.
“El líder sigue siendo el barsa”.
Intento trabajar.
“The Best REPLICA WATCHES. Luxury trademarks”
“Show your girl a huge explosion as I used to do. You crave to shoot like a film star…”
Joder, tengo que mejorar mi inglés. Otro sábado sin clase. Esta vez falló mi profesora irlandesa. Infección de garganta o sobredosis cervecera. Suficiente. Me bajo a tomar un café. Necesito un poco de poesía en mi vida. Contemplo curioso el ticket. Le atendió: Dulce Mirabeth.

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