martes, 1 de abril de 2008

Una chica acuclillada junto a la barandilla de un puente metálico sobre la N-1, la única forma de cruzar al otro lado. Oteando un horizonte de vehículos circulando por todas partes, edificios donde antes no había, hoteles, el cielo ambarino donde la luz pugna por atravesar las nubes grises y rojizas. Madr… eh! Gira su cabeza y parece mirarme sorprendida cuando el autobús en el que viajo pasa a la altura del puente. Allí sola en medio de la pasarela movediza. El líquido reciente se desparrama por la fría plataforma metálica de mañana y se precipita al vació como una llovizna sobre los coches veloces.

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