martes, 18 de septiembre de 2007

M I R A

M I aprieta su cara contra el cristal frío de la ventana que señala otras ventanas. Y oye una canción. Necesita oír una canción elegida antes de enfrentar el día. El frescor en su cara y la belleza inaprensible de la canción como eco suficiente, para mecerse entre sus ondas, su recuerdo a través de las calles. Ahora silencio; casi todas las ventanas aún cerradas. Descenso a la ciudad.

Se cuenta que R A no podía salir de casa ni ganar un taxi sin un chute. Para soportar la duda. “¿Por donde quiere que vayamos, bajamos Ortega y Gasset a Castellana o por Velázquez?” A veces camina y oye el sordo batir de sus muslos contra el vestido y sortea, oye las miradas a su paso de la gente que emerge de las aceras, que se precipita de los autobuses.




MI y RA han visto el mismo cruce muchas veces, aunque nunca más se MI RA rán como ahora.

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