sábado, 13 de enero de 2007

"El enamorado de la Osa Mayor" de Sergiusz Piasecki

El mamut bebía, asintiendo con la cabeza. Tenía la cara como esculpida en piedra y sólo los ojos, unos ojos buenos, de niño, nos sonreían mientras reflejaban una avalancha de emociones y pensamientos que aquel hombre nunca sería capaz de expresar con palabras. Cuando nos disponíamos a marchar, el Rata llamó a la mujer del Mamut y le dijo:
- Ahora su marido no le sirve de gran cosa, ¿verdad?...
- ¡Qué le vamos a hacer! No me quejo...
- ¿Le apetecería poner una tienda o montar cualquier otro negocio?
Los ojos de la mujer brillaron de alegría.
- Pero. ¿con qué dinero?
- Yo pongo mil rublos -dijo el Rata.
- Yo también -seguí su ejemplo.
- Y aquí van otros mil -añadió el Sepulturero.
- ¿Y como los devolveré? -preguntó la mujer.
- ¡No es necesario! Lo hacemos por él -El Rata señaló al Mamut con el dedo-. Basta con que usted cuide de este... mamut, porque incluso un crío podría hacerle daño. En los tiempos que corren, se destroza a dentelladas a cualquiera que sea frágil y bueno.
Le dimos tres mil rublos a la mujer del Mamut y abandonamos su casa. Al día siguiente el Rata me trajo un paquete que alguien había mandado a su dirección, pero que estaba destinado a mi. El paquete procedía de Vilnius, de Pietrek. Dentro, había una carta y una cajita. En ella encontré una brújula de Bézard de excelente calidad en un estuche de piel. Nunca se me había ocurrido comprarme una brújula, aunque me hubiese resultado muy útil. A partir de ahora, incluso en la noche más oscura podría encontrar el rumbo en un terreno desconocido sin miedo a equivocarme. Aquella tarde, contemplé un largo rato la aguja fosforescente de mi brújula y, enternecido, pensaba en Pietrek: "¿Como se le ha ocurrido? A pesar de todo, ha pensado en mi... ¡La ha comprado para mi!"

Extracto de "El enamorado de la Osa Mayor" de Sergiusz Piasecki, noviembre de 1935.

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