jueves, 25 de octubre de 2007

F c I N e

El otro día acudí a saciar mis (más altos) instintos contemplativos a unas multisalas del más selecto suburbio madrileño. En el seno de aquel pizpireto enclave comercial, pagué sólo 9 € de entrada bajo el subterfugio (vip no, vil) de disfrutar de una butacas más propias de un paritorio. ¿Necesito estas alforjas para este viaje? Acostumbrado yo desde mi adolescencia a plebeyas butacas chirriantes con muelles y chicles agazapados en recónditas oquedades. Pues había allí menos gente que el número de mesas –siete- que reza el título de la película que echaban. Bella Maribel. A mi me gustan casi todas. La de Gracia también. Me sorprende la producción conjunta del señor Cerezo y don Elías. Tan distintos. La unión hace la fuerza, que dicen.
A la salida, en lugar de ver el afiche del enésimo trance del niño mago, me topé con el siguiente cartel:



Y pienso lo de “Fin” huelga, ya no sale en las películas que se cierran con un fundido en negro y los títulos, que casi nadie lee, y la banda sonora, que casi nadie oye, que luego casi todas las televisiones cortan.

No hay cines en Lisboa.

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