domingo, 29 de octubre de 2006

Astur Auster

“¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real?”. “Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes…”. “Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores”. “Y quizá sea cierto: en algunos casos, raros y aislados”. “Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?”

“En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo”. “Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente inútil”.

“Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas”.

Extractos del discurso del Sr. Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006. Oviedo, 20 de octubre de 2006.

El Club de los Buscadores de Canciones

Conozco a unos tipos, gente normal como todos nosotros, con sus problemas, sus cosas. Se conocieron no hace mucho tiempo a través de un curioso anuncio que puso uno de ellos en un bar que frecuentaban. Desde entonces se reúnen a menudo, cuando bien pueden, un fin de semana sí y otro también, en casa de uno de ellos, Mario, que vive solo pero odia la soledad y se prestó rápidamente a ofrecer su piso en Chueca como cuartel de operaciones. Allí charlan, se cuentan sus penas, pero, sobre todo, comparten su búsqueda: canciones. Sí, cada uno de ellos ha dedicado su tiempo, mientras van a currar o están en un atasco, mientras leen, recuerdan, a encontrar la única cosa que, según ellos, te puede salvar el día, que te puede ayudar a recomponerlo, a sobrellevarlo: la magia de descubrir una canción. Gente alucinada que navega por la calle mirando el horizonte con el sólo propósito de encontrar una canción que les salve. Una canción que te permita bajar a la calle y habitando en tu cabeza, te haga valiente, incorporarte a esa realidad cotidiana que, amorfa y canalla, te espera cada día. Y las comparten, hablan sobre lo que les hacen sentir.Me complace conocer a tal siniestra logia musical pues los muy amables también me pasan discos con sus esmeradas compilaciones. Ayer, para desentumecerme de la abulia cotidiana, pasaba por allí y me topé con una reunión improvisada pues Mario abre desde arriba sin preguntar quien va, cruzo el patio, subo, me encuentro la puerta semiabierta como casi siempre, acepta que la gente cruce el umbral con cualquier excusa, ósea una buena canción. Luego hubo charla y unas latas de cerveza. Ayer, decía, me descubrieron una bonita canción, cuyo conocimiento también me place compartir aquí. Sonaba “Xente”, composición que abre el cuarto disco, llamado “10.0”, pues hace honor al décimo aniversario cumplido por un grupo folk gallego: Berroguetto. Y mientras la escuchaba, sentí que era capaz de todo.

sábado, 28 de octubre de 2006

Debo agradecer, al mismo tiempo que me complace recomendaros, si es que acaso no lo conocéis ya, el blog de mi amigo, conocido sólo por una tarde, Carlos, pues su idea (s) que mancilla, desde no mucho tiempo ha, nuestras, ya de por sí calientes TFT’s, me ha impulsado decididamente a iniciar también la mía. Penetrad pues en los más bajos instintos de este joven (es un halago) catalán universal, preocupado por su tierra, la ciencia-ficción, el arte, el sexo, los churros, etc. , ... , ¡ah!, y magnífico director de cine.

La puta del tercer milenio

La www es la psicoanalista y la meretriz, multiforme, de este siglo. Puedes buscar, pedir auxilio, algo de charla anónima, reir, llorar, disfrutar. Hace bastantes años en mi ciudad existían cines donde pasar largas tardes, y ver 2 o 3 pelis; entrabas de día y salías de noche. Y en la meadita entre películas, mientras distendía mis aletargadas piernas paseando por los pasillos, disfrutando de ese amable olor a ozono-pino, pensaba en lo que pasaría cuando aquello acabara y los pocos cinestudios que quedaban abiertos cerraran permanentemente. Y tener que someterse a la cara dictadura de los cines de estreno. Aquellos, mis hospicios del siglo pasado. Entonces, tenía todo por delante. Ahora con internet ocurre lo mismo. ¿Sería concebible un mundo sin ella?. ¿Tendré que volver mensualmente a mi tienda de discos favorita que, por cierto, ya no existe? Acaso es la utopía libertaria que dentellea el culo de la hedionda economía global, que hasta ahora reservaba sus muchos encantos a una minoría de ilustrados y gente de posibles. Ahora mucho está al alcance de muchos. Nociva ilusión. Quizas el primer mundo ha creado su hipócrita idea de falsa libertad, donde disfrutamos de información, música, cine, vendo sin factura, software libre, sexo, gratuitos. El primer mundo ha cerrado el círculo, un reservado edén al alcance de todos. Migajas para todos. Pero hay otros mundos que gritan.Dejemosló ahí. Ahora hay muchas cosas que ver, que leer y admirar, ... , y queda menos tiempo.